Releyendo a Gandhi

En estos tiempos de penuria económica, de egos encendidos y de políticos corruptos, releer a Mohandas Karamchad Gandhi, apodado a su pesar, como “Mahatma” (“Alma Grande”), supone un aire fresco para entender la naturaleza humana y reconciliarse con ella.

“Mis defectos y mis fracasos son una bendición de Dios, lo mismo que mis dones y mis éxitos; todos los pongo  a los pies de su altar. ¿Por qué ha escogido un instrumento tan imperfecto como yo para una obra tan grande? Creo que lo ha hecho deliberadamente. Había que correr en ayuda de millones de pobres ignorantes que sufren en silencio.  Un hombre perfecto les habría descorazonado de antemano. Por el contrario, se abrieron todas sus esperanzas cuando vieron caminar por los caminos de la ahimsa a un hombre como ellos, con sus mismas debilidades. Un hombre perfecto habría sido desconocido. No habrían visto en él al jefe que necesitaban y lo habrían relegado en una caverna”.

 En la tradición judeo-cristiana europea se ha hecho mucho hincapié a lo largo del tiempo en alcanzar la perfección y la santidad a través del trabajo bien hecho. Una perfección sólo alcanzable por medio de la obediencia a la autoridad establecida y al “imperio de la ley”.

La perfección se convirtió en algo obsesivo llegando al extremo de tener que estandarizar o normalizar  hasta el tamaño de los surcos que debía tener  un tornillo.  La “Calidad” se impuso como marca indeleble de la perfección en el trabajo. En este escenario, no había resquicio a la improvisación, ni  a la flexibilidad. Cualquier desvío de la norma establecida era anatema y herejía. Había de ser reprimida con dureza para dar ejemplo.

Gandhi introduce el concepto ético de la ahimsa  por medio del cual el hombre se desprende de aquello que le impide hacer la voluntad divina. La espiritualidad hindú  quedaba  reflejada en el ascetismo activo que practicaba Gandhi. Como Jaimista era partidario de encontrar a Dios en todas las facetas de la vida humana y en la naturaleza.

cada uno debe ponerse a escuchar su vocecita interior y obrar en consecuencia; y si uno no tiene oídos para oír, que haga lo mejor que pueda. En ningún caso hay que imitar a los demás, como si fuéramos borregos.”

Hace poco debatí con un responsable educativo la necesidad de formar a la ciudadanía en sacar de si mismo lo mejor y no dejarse influenciar o seguir al “gurú” de moda. En España somos muy “caudillistas”, seguimos al líder carismático, al “gurú” del que tanto hablan los medios de comunicación.  La política se ha convertido en una tertulia televisiva y en un reality show, la economía en un gran casino y la sociedad ha perdido su capacidad de reacción.  Nos hemos convertido en auténticos “Borregos”.

Los políticos se tiran los trastos a la cabeza, sacan la ropa sucia del armario, insultan, vejan, humillan al rival todo, para lograr mayor audiencia. ¿Han conocido ustedes a algún político que le hable de su programa político? ¿Puede usted acceder al detalle de los programas políticos? ¿Cuándo vota lo hace porque el líder le pide que lo haga, por presión de su entorno social o lo hace por propia iniciativa? ¿Cuestiona usted al propio líder o algunas medidas propuestas por su líder? ¿Contribuye usted a elaborar el programa de su partido? ¿Cree usted en la democracia? ¿Sabe usted en que consiste ser demócrata?....

La falta de formación en asuntos que afectan a los ciudadanos está generando ciudadanos-robots que solo hacen lo que su programación le permite. Su inteligencia natural está siendo relegada por la inteligencia artificial, mucho más eficiente y rentable para sus creadores. Los creadores de opinión usan todo tipo de estrategias de mercadotecnia para programar “borregos” sumisos a los poderes establecidos.  La perfección es aquello que los programadores quieren que sea la perfección. Ellos establecen el “canon” de perfección que más le conviene establecer.

Como en todas las épocas de la historia hay versos sueltos que confirman la regla. Gandhi fue uno de ellos,  se negó a ser convertido en un “borrego” en la encorsetada sociedad victoriana y  afianzó sus principios éticos en los valores que le proporcionaba la espiritualidad y la vida ascética. Su rebeldía no era violenta, ni amenazante; era pacífica y llegaba al corazón, al alma de la gente. Su rebeldía no estaba revestida de ideología,  ni sujeto al dictado de ningún “gurú”, dogma o ley preestablecida de antemano.  Actuaba a favor de la convivencia de musulmanes, hindúes y sijs. Quería la independencia de la India; pero sin enemistarse con Gran Bretaña. Quería que todos los hombres asumieran la convivencia como un valor ético, no sometida al dictado jurídico o político.

Posteriormente a Gandhi hubo otros “mahatmas” como la madre y beata Teresa de Calcuta, el padre Vicente Ferrer, el reverendo Martin Luther King,  el arzobispo Desmond Tutu o el gran Nelson Mandela. Más recientemente estamos asistiendo al nacimiento de un nuevo “mahatma” en la persona del papa Francisco.

 Personas que basan su vida en hacer el bien a los demás, a llegar con sus palabras y obras sencillas al corazón del ser humano. Personas corrientes que anteponen la ética a cualquier otra consideración.  Son los nuevos héroes, que sin poderes extraordinarios y sin venir de otro planeta, hacen cosas extraordinarias. A causa de ello suelen ser criticados, amenazados, asesinados o vilmente atacados.  Se salen del orden establecido. Son los nuevos “santos” del siglo XX y XXI aunque éstos no hayan sido institucionalizados o acreditados como tales.

La rebeldía es la manifestación más palpable de una sociedad en decadencia. La gente se rebela por que no soporta la presión ejercida desde el poder y apelan desesperadamente por restaurar la ética. Cuando hay inestabilidad, la gente busca siempre un refugio. En este punto hay ángeles y demonios.  Gentes que desde su sencillez individual hace lo que puede para echar una mano al que sufre;  y gentes que se aprovecha del sufrimiento humano para sacar provecho o beneficio para si mismo.

Gandhi decía que “La desobediencia civil es un derecho imprescriptible de todo ciudadano. No puede renunciar a ella sin dejar de ser hombre. La desobediencia civil no da nunca lugar a la desobediencia criminal” (…) “Pero el intento de prescindir de la desobediencia civil sería lo mismo que querer aprisionar a la conciencia”.

No se trata de incumplir las leyes establecidas; sino de hacer ver el error de los gobernantes y legisladores a la hora de hacer leyes que pueden causar sufrimiento a los ciudadanos o a parte de la sociedad. Las leyes injustas son aquellas que privilegian a unos ciudadanos frente a la mayoría que sale perjudicada con su aprobación. Una ley injusta es aquella que daña los derechos inalienables del ser humano y del ciudadano.
 La manifestación pacífica de la rebeldía ciudadana ha de ser la de hacer ver al legislador o al gobernante su injusticia y el error de aprobar estas leyes.

En una democracia los poderes han de estar siempre sometidos a la voluntad soberana del ciudadano. Un gobernante debe proteger, mantener y defender al ciudadano en toda circunstancia, velando siempre por su bienestar.  Si un gobernante o un legislador rompen con el pacto democrático, el “contrato social” del que hablaba Jean-Jacques Rousseau, los ciudadanos tienen el derecho y el deber de removerlos de sus cargos (como también afirmaba Thomas Jefferson en la “Declaración de Independencia de los Estados Unidos”). 

Gandhi al respecto opinaba “Espero demostrar que el verdadero Swaraj no vendrá de la toma del poder por parte de algunos, sino del poder que todos tendrán algún día de oponerse a los abusos de la autoridad” el ciudadano ha de hacerse respetar y no dejarse influir o avasallar por los poderes políticos o económicos establecidos. La dignidad de la persona es uno de los principales valores de cualquier régimen democrático y justo.

Un exceso de libertad puede degenerar en libertinaje. En el ámbito del poder este libertinaje puede dar lugar a regímenes criminales, colonialistas y esclavistas. Dejar que los poderes económicos campen a sus anchas como planteaba el liberalismo clásico da lugar a regímenes donde el ciudadano se convierte en esclavo del poder económico y donde los poderes políticos  acaban dando lugar a dictaduras criminales.  Pero ojo, también es injusto el intervencionismo a  ultranza como se proponía en la antigua URSS,  dado que impedía el natural progreso de la nación. Habría que buscar un justo término medio.

Gandhi nos anima a promover una sociedad más justa y más solidaria. Acabar con las desigualdades favorece el entendimiento político, las relaciones sociales y los intercambios económicos. Apostar por el bienestar es acabar con el sufrimiento, la pobreza y la exclusión en el mundo. La dignidad de la persona está por encima de la economía y la política.  Estos hombres santos, estas “almas grandes” como Gandhi son el ejemplo a seguir.  

En su extrema pobreza M.K. Gandhi logró fundar una gran nación prospera, teniendo como base  la ética que predicó en vida.  La India fue líder durante  la Guerra Fría (1945-1993) de los países “No alineados” y  modelo para la descolonización a partir de los sesenta. Hoy forma parte de un selecto grupo de países económicamente desarrollados (BRIC), que no tiene en el capitalismo su doctrina dominante. Hoy la India está considerada una potencia regional de primer orden.



La influencia de Gandhi ha marcado la deriva de muchos países y de importantes movimientos filosóficos, religiosos, sociales y culturales en todo el mundo. Sin duda es uno de los grandes personajes de la historia universal.






Comentarios

Entradas populares