Donald Trump: ¿Ángel o Demonio?
Comienza la “Era Trump” con temor en algunos y esperanzas en otros. El ambiente geopolítico
global es de expectación ante el siguiente paso que dará el 45º Presidente
Federal de los Estados Unidos de América.
De su discurso de toma de posesión,
Trump apeló al valor de la tradición estadounidense con una mezcla de
nacionalismo renovado (“América primero”)
y de populismo mediático (Devolución del poder al pueblo). Se mostró
aislacionista (Primero América, después nuestros “amigos” extranjeros) y proteccionista (comprar productos
estadounidenses, inversión en Estados Unidos).
Donald John Trump (Nueva York,
1946) es según la Wikipedia, hijo de inmigrantes escoceses y nieto de
inmigrantes alemanes. Tras estudiar economía se hizo cargo de los negocios
inmobiliarios de sus padres y a partir de entonces su carrera empresarial le
llevó a tener uno de los emporios empresariales más influyentes del país y poseer
una gran fortuna personal. Como buen Republicano
es amante de la libertad individual, del libre mercado, de la reducción del
estado a su mínima expresión, de la ética protestante, de la cultura común
judeocristiana y de un profundo sentimiento anticomunista y antirrevolucionario.
Teniendo en cuenta la situación del
momento, hagamos un ejercicio especulativo sobre lo que puede hacer el
Presidente Trump de ahora en adelante. La
crisis inmobiliaria de 2008 afectó duramente a la economía norteamericana,
muchas empresas se vieron afectadas, produciéndose cierres y despidos masivos. El valor de las grandes
corporaciones como las del Grupo
Trump, cayó en la bolsa como en 1929. La
situación de crónico endeudamiento del estado y el excesivo gasto militar
exterior provocó que una gran parte de la población – rentas medias y bajas - quedase abandonada a su suerte por los
servicios públicos. Las infraestructuras se deterioraron y el parque industrial
quedó obsoleto.
Frente a esta situación el anterior
presidente B. Obama (2009-2017) trató de reducir el déficit público y su
endeudamiento (En especial con China) armonizando los gastos a la baja y tratando de frenar el déficit aumentando los
ingresos. Así mismo planificó toda una serie de medidas para paliar el daño que
se estaba produciendo a la población con rentas más bajas. Sus medidas,
próximas a la socialdemocracia europea, no llegaron a cuajar del todo quedando
inconclusa su hoja de ruta. Los motivos fueron varios: en parte se debió a las
dificultades económicas para poner en marcha estos ambiciosos planes; también por falta de tiempo en su aplicación y
en parte por la oposición de los neo conservadores del Partido Republicano a
cualquier intento de intervencionismo estatal en la economía.
En política exterior B. Obama se
ocupó de reducir la carga de defensa exterior buscando procesos de paz que acabasen con las guerras, buscando el
entendimiento con sus aliados europeos y con Rusia. Por otra parte trató de reducir la
dependencia de materias primas de
mercados exteriores. Ambas medidas enfurecieron a la poderosa industria de
armamentos y al lobby energético.
Ante esta situación de deterioro de la
infraestructura estadounidense, el aumento de pobreza en el país, el
endeudamiento aun alto con china, la amenaza de
los lobbies sectoriales, no es de extrañar que Donald Trump salga en defensa
del estadounidense medio como abanderado de las causas perdidas.
La apelación populista y mediática
de Trump recuerda el ascenso del nazismo en Alemania, del sovietismo en Rusia, del lepenismo en Francia y de otros populismos
mediáticos en Europa. Líderes mesiánicos carismáticos, que prometen a una
población castigada por la crisis el paraíso terrenal para después conquistar
el poder despóticamente y actuar autocráticamente en un régimen supuestamente democrático.
Las mayorías parlamentarias juegan a su favor. Donald Trump tiene el respaldo
del Congreso y del Senado, cámaras en las que el Partido Republicano tiene
mayoría absoluta. Donald Trump tiene hoy un gran poder en sus manos, casi
absoluto.
Donald Trump da comienzo a un nuevo
orden mundial. Hasta 1991 (Guerra del Golfo)
el mundo bipolar surgido de la II Guerra Mundial marcaba la agenda geopolítica
internacional. Estados Unidos y la URSS competían entre sí causando un gran impacto
en sus respectivas economías, en especial en materia de defensa.
En 1991 con el final de la Guerra
del Golfo y la desaparición de la URSS (1991), Estados Unidos procedió a
revisar su papel en el concierto internacional, se imponía construir un nuevo
orden internacional. Durante varios años (1991-2003) se mantuvo la inercia del
mundo bipolar a causa del estallido de
la II Guerra del Golfo (1992), la Guerra de Yugoslavia (1991-2001), la Guerra
de Ruanda (1994) y la II Guerra del Congo (1998-2003). En estas guerras económicas, los intereses de
ambas potencias (Estados Unidos y Rusia) siguieron marcando la agenda.
A partir de 2003 comenzaba el
proceso de desmantelamiento del mundo bipolar y con este proceso comenzaban a
surgir el ajuste necesario para poner las bases de un nuevo orden mundial. El Atentado
de 2001 contra el World Trade Center
marcó el inicio de un periodo transitorio en el que la crisis comenzó a mostrar
las carencias del sistema heredado, tanto en Europa (crisis institucional y
económica en la UE) como en Oriente
Próximo (Ascenso de Al - Qaeda, surgimiento del ISIS, del nacionalismo kurdo y conflictos
regionales como las primaveras árabes (Norte de áfrica), o actual Guerra Civil de
Siria).
Ante la inestabilidad internacional
la respuesta ha sido el renacer del nacionalismo y del populismo sistémico.
Ante el desconcierto se impone la unidad ante un líder carismático o mesiánico.
El radicalismo o extremismo – tanto conservador como progresista - comienza a
aparecer y amenazar a las inestables democracias europeas, coincidiendo en el
tiempo con la crisis sistémica de los partidos moderados.
Entre los ajustes esperados estaba
romper el duopolio internacional para posibilitar la participación multilateral
de otras potencias, en especial las europeas, las asiáticas y las
sudamericanas. En este nuevo orden había
que volver al sistema de equilibrios entre potencias a nivel global
(Globalización), trascendiendo las viejas estructuras de Estados-Nación. El
sistema de equilibrio preveía la construcción de espacios compartidos entre
varias naciones a fin de promover la paz, la democracia, la libertad, el libre
mercado y los valores que les son propios a cada región establecida. La ONU
volvía en este proyecto a jugar un papel esencial como árbitro internacional.
La globalización obligaba al
entendimiento entre las partes y a compartir los recursos disponibles. El
control de las materias primas y de las fuentes energéticas surgió al poco
tiempo a través de las sucesivas “cumbres
del clima” organizadas por la ONU. Las
“cumbres” entre políticos de alto
nivel o de grandes organizaciones sociales, políticas, culturales y económicas,
sustituyeron a los arcaicos congresos continentales o conferencias
internacionales enfocados mas al ámbito diplomático que a las cuestiones de
fondo.
En torno a esta nueva forma de
trabajar y negociar globalizada, con apoyo de los nuevos medios de comunicación
como Internet y todas las apps existentes, surgieron infinidad de organizaciones
no gubernativas que daban voz a la población civil y muchos ciudadanos
interesados en intervenir en los asuntos públicos de manera directa. El interés
por los temas abordados ayudó a que se pasase del concepto de democracia
representativa, al de democracia proactiva o directa: Las organizaciones y Los ciudadanos
implicados, alimentan hoy a los
populismos asimétricos y transversales emergentes, dejando obsoletas las
antiguas organizaciones políticas y sindicales.
Donald Trump es consciente que la
globalización le posibilita un control absoluto de las masas adormecidas. Puede
usarlas a su antojo y crear enemigos imaginarios para asegurar su fidelidad. En
una sociedad mediática como la de Estados Unidos, los medios de comunicación
juegan un papel director de la acción política, de generación de opinión
pública y de movilización de masas. Donald Trump y sus empresas son
especialistas en la materia.
Es consciente que los partidos políticos
son ya reliquias del pasado y por tanto lo que importa es la propaganda
utilizada a favor propio. Los medios de comunicación (En especial los
digitales) son su principal herramienta. “La
ideología ha muerto” y las doctrinas políticas han de acomodarse a los
nuevos tiempos. El pragmatismo se impone
sin control, ni regulación: “El fin no
justifica los medios”. SI hay que
hacerse, se hace. Si hay que intervenir, se interviene, sin mayor consideración.
Donald Trump tiene ante sí el camino despejado, dado que su oposición está en
minoría parlamentaria, aun en shock político por la derrota y con un perfil
bajo o nulo de oposición.
El mundo exterior a Estados Unidos
tiene mucho que temer, si la propaganda utilizada por Trump durante su campaña
se hace real:
Las discrepancias con México no
tienen nada que ver con el muro (Por cierto ya existe), ni con el trasiego de
inmigrantes a lo largo de la frontera del Río Grande. Se trata de una medida
proteccionista en el ámbito económico. Muchas empresas estadounidenses han
radicado sus sedes en México donde pagan menos impuestos y tienen mano de obra más
barata que en Estados Unidos. La deslocalización es un fenómeno internacional
que lleva viéndose desde la década de 1990.
También muchos mexicanos trabajan (legal e ilegalmente) en Estados
Unidos por un salario basura y en condiciones próximas a la esclavitud. Donald Trump quiere que las empresas regresen
a Estados Unidos y paguen sus impuestos en Estados Unidos. Pero también quiere
que las empresas estadounidenses contraten a ciudadanos norteamericanos y no a
extranjeros. Todo ello forma parte de su política proteccionista.
Las discrepancias con Europa
provienen del afán por parte de los europeos de preservar su identidad
democrática y sus valores. El Tratado de Libre Comercio con Europa se
ha frenado por la negativa de los países UE a aplicar determinadas concesiones
al gigante norteamericano. Estados Unidos busca desregular la economía europea
para de esta forma exportar masivamente sus productos a Europa y dar salida a
la producción industrial norteamericana. Como vemos Trump busca aumentar los
ingresos con estas medidas, pero su negativa aceptar imposiciones o
regulaciones exteriores (América First), le impide hacer negocios con Europa en
las condiciones deseadas. La UE quiere el tratado pero con reglas europeas. La
respuesta de Trump es clara, Europa a partir de ahora se las tiene que arreglar
sola en el concierto internacional y autodefenderse (Eliminación de la OTAN y desentendimiento
con respecto a los asuntos europeos).
La enemistad con China tiene mucho
que ver con su deuda externa. China es el mayor acreedor de Estados Unidos y
una superpotencia comercial en el Pacífico. La influencia de China en Europa y
África le resta mercados a Estados Unidos.
La competencia entre ambas potencias podría derivar en un futuro no muy
lejano en una guerra abierta con consecuencias globales.
La amistad con Rusia tiene que ver
con intereses comerciales comunes en el avispero de Oriente Próximo (negocio de
la guerra y negocio de la reconstrucción). El antiguo enemigo es hoy un gran aliado. La
potencia de Rusia proviene de sus negocios gasísticos (Guerra de Ucrania) como
petrolíferos (Guerra siria). Ambos tienen
además la necesidad de incrementar la producción y transporte de estos
productos energéticos, ante el desafío
de la Cumbre de París de 2015 que
obliga a los estados contaminantes a reducir sus emisiones obligatoriamente.
Estados Unidos es el mayor contaminante del planeta tras China.
Ambas potencias necesitan pacificar
Oriente Próximo y eso pasa necesariamente por: Acabar con el ISIS y Al-Qaeda (Subproductos
de la pos-guerra fría); acabar con la Guerra de Siria manteniendo a Bachar
al-Assad o un líder compatible al frente del país y estabilizando la frontera
con Turquía (esto incluye el desarme de los kurdos para hacerse con el control
de las nuevas reservas petrolíferas de la región y la estabilidad en Irak con
un régimen semi dictatorial para contener a Irán (permitiéndole el uso de la energía
nuclear para uso pacífico) como en la década de 1970 y 80); acabar de una vez
con el conflicto de Israel-Palestina bajo la fórmula de los dos estados y bajo
control internacional de las fronteras por el cuarteto. Aunar esfuerzos para que Irán, Israel y Arabia
Saudí no desestabilicen la región. Al estabilizar
Oriente Próximo, la producción de petróleo y gas podría recuperar su actividad
a pleno rendimiento. La elección de un magnate del petróleo como Secretario de
Estado es buena prueba de ello.
La zona del Golfo está
diversificando ahora su producción para no depender del monopolio petrolífero
(se les están acabando sus reservas) esto implica un ascenso del sector
financiero, inmobiliario, industrial, transportes, comercial y turístico a gran escala. Estos sectores punteros
interesan a las empresas estadounidenses. Por lo que mantener relaciones con
las monarquías del golfo será posiblemente una prioridad para la administración
Trump.
La gran incógnita es que va a hacer
Trump en América Latina (Zona de influencia europea y española), en especial
con Cuba, Colombia o Venezuela. También
lo que hará en África (Zona de influencia europea y china) en especial en la
zona norte del continente (Libia sigue
en guerra, Egipto es aun inestable, en Mali sigue el ISIS y por todo el
Sahel, Al - Qaeda tiene franquicias activas). Marruecos, Túnez y Argelia están protegidos
por Europa y tienden hacia gobiernos democráticos; pero tienen dificultades
para contener al yihadismo interno y a las grandes corrientes migratorias que
están presentes en todo el norte de África. China está presente en el África
oriental y ecuatorial con una política comercial
agresiva.
Trump puede ser un “ángel” (es decir que facilitaría un
mayor bienestar a los estadounidenses y a sus empresas, pacificaría los conflictos
enquistados de Oriente Próximo) o un “demonio” (Rompería unilateralmente el
orden internacional condenándonos a todos a una nueva fase bélica global). El tiempo nos dirá hacia dónde va el Sr. Trump,
sus negocios y su particular forma de ver las cosas.




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