La tribu de los negacionistas




 En los últimos años han surgido nuevas “tribus urbanas” entre las que destacaría la de los “negacionistas”. El movimiento negacionista, según los expertos en Psicología, tiene su origen en la frustración, en no querer aceptar la realidad por ser incomoda, en no aceptar los cambios, en no querer salir de su zona de confort.

En momentos de crisis hay personas que no saben reaccionar, no saben cómo digerir los cambios, no aceptan la nueva realidad tras el cambio. Todo es confuso e inestable. La mayoría busca recuperar su zona de confort, lo conocido y aceptado, sus antiguos usos y costumbres, sus hábitos y rutinas. De esta forma se refugian en sus recuerdos, en aquellos momentos en los que según su propia percepción fueron felices vivieron una época estable y donde todo estaba claro.

Según estos expertos, los negacionistas adoptan un criterio subjetivo e irracional, como mecanismo para superar sus problemas psicológicos, depresiones e inestabilidad emocional. No son enfermos mentales; sino que sufren trastornos mentales, que, de agravarse y no tratarse, pueden derivar en crisis psíquicas de importancia.

Umberto Eco, que era un gran conocedor de la mente humana y de su creatividad comunicativa, hablaba de gentes integradas y gentes apocalípticas. Las “integradas” eran las que tenían capacidad para asumir los cambios de su entorno e integrarse en la nueva realidad. En cambio, las “apocalípticas” eran aquellas personas que se negaban a admitir los cambios y exigían un retorno al pasado vivido y conocido, que le era amistoso y confortable.

Vemos como en su novela mas famosa “el nombre de la rosa” ambas situaciones se muestran en un Jorge de Burgos, claramente apocalíptico, defensor a ultranza de la tradición eclesial dogmática; y un Guillermo de Baskerville, claramente integrado en las nuevas corrientes eclesiales surgidas de la orden franciscana, más abocado a la integración de la iglesia en la sociedad. Jorge de Burgos, anciano y temeroso a la ira de Dios, piensa que los cambios son trampas del diablo; mientras que Guillermo de Baskerville los cambios son oportunidades para desarrollar un cristianismo mas humanista y servicial.  

En la sociedad, compuesta por seres humanos, hay corrientes de pensamiento “apocalípticos” o “negacionistas” y corrientes de pensamiento “integradas o realistas”. Movimientos sociales que se expresan a través de la ideología, las creencias, los partidos políticos, las organizaciones religiosas. A través de la teología, la filosofía y las ciencias.

Hoy vemos como el “negacionismo” político tiende a adoptar un comportamiento combativo institucional y de guerrilla urbana de resistencia en su base, como respuesta a los cambios que en los últimos tiempos se han venido produciendo en nuestras sociedades. El trauma del cambio tal y como los negacionistas lo perciben, los lleva a dar la espalda a la realidad en favor de una mentira mas confortable.

Ejemplos de ellos los vemos en los debates sobre cambio climático, sobre la pandemia COVID-19, sobre la edad de la tierra, sobre la forma de la tierra, sobre la creación de los seres vivos incluyendo a los humanos, sobre el holocausto o “shoah” judía, sobre el VIH/Sida… Causas religiosas o ideológicas se encuentran detrás de estas actitudes negacionistas.  

Los negacionistas en realidad no quieren enfrentarse a los realistas, simplemente exigen su derecho a su propia identidad, a lo que conocen, a lo que sienten, a lo que les emociona y apasiona, a lo que les haga feliz y se sientan confortables. Es probable que ellos consideren que los que son diferentes a ellos son los negacionistas, dado que su realidad es para ellos la auténtica y la que muestran sus adversarios, falsa. Consideran que preservar su realidad es una forma de identidad a la que exigen respeto y a la que creen tener derecho.

En el negacionismo existen ortodoxos y heterodoxos, existen también las herejías negacionistas. Los puros y ortodoxos son aquellos que están plenamente convencidos y asumen una identidad concreta en base a lo que ellos consideran su realidad. Tan convencidos están que hacen proselitismo para que mas gente se les una. Son propagadores de su realidad. Esa realidad es la base de su nueva religión negacionista. Los hay pacíficos que se limitan a evangelizar sin imponer sus doctrinas; los hay exaltados y violentos que emprenden cruzadas religiosas contra los nuevos paganos, los que no están convencidos de sus creencias. Su objetivo es convertirlos a su fe por la fuerza.

Las herejías del negacionismo tienen una deriva politica e ideológica, algunos lideres políticos que forman parte de los grupos exaltados heterodoxos, utilizan el negacionismo como técnica de propaganda ideológica y politica en forma de campañas agresivas y de actos violentos con el fin de refutar y dañar al que consideran su “enemigo”. Sus cruzadas ideológicas suelen ir acompañadas por grupúsculos heréticos del negacionismo que actúan como vanguardia en sus acciones más contundentes (Hombres de paja, testaferros, gente que hace el trabajo sucio) y como parapeto para evitar ser reprimidos (Suelen estar en el filo de la ley, pero se aseguran de no traspasarla, aprovechando los resquicios que la propia ley ofrece). Estas herejías del negacionismo son sin duda las mas peligrosas, dado que contribuyen a la crispación politica, a la alteración del orden publico y a los actos vandálicos, incluso asesinatos en los casos más graves.

De estos habido muchos a lo largo de la historia, en tiempos de crisis y en tiempos de incertidumbre. Cada vez que ha habido una crisis económica o pandémica, una revolución, un golpe de estado, un cambio de régimen o un nuevo orden mundial, han aparecido estos negacionistas, tanto los intelectuales como los propagandistas y activistas del negacionismo.

Generalmente se suelen identificar y asociar por semejanza, sus promotores con los grandes dictadores de la historia como: Adolf Hitler, Benito Mussolini, Francisco Franco, Josef Stalin, Mao Zedong, Fidel Castro, Pol Pot, A. Pinochet… y un largo etcétera de autoridades extremistas que crearon y aun tratan de crear regímenes totalitarios y degradantes. 

Los promotores de estos regímenes podríamos identificarlos con los negacionistas perfectamente a todos los niveles. Son dictadores que, según su argumentación y propaganda, trataron de “liberar al pueblo” de unos supuestos “enemigos de la patria”. Por tanto, sus acciones se presentaban, con gran aparato propagandístico y adoctrinamiento de masas, como los “salvadores de la patria”, los “héroes y padres de la patria”.  Apelar al mesianismo y al populismo ultraconservador es una táctica politica muy empleada por los negacionistas actuales.

Mark Hoofnagle, un bloguero científico (https://scienceblogs.com/denialism) muy conocido en Estados Unidos por desmontar las teorías negacionistas desde el mundo científico, establece cinco elementos de manual negacionista:

1. Teoría de la Conspiración. “Desestimar la información o la observación sugiriendo que los rivales participan en "una conspiración para esconder la verdad"

2. Falacia de la evidencia incompleta. “Seleccionar un artículo aislado apoyando su idea, o usar artículos obsoletos, defectuosos o desacreditados para hacer parecer la postura opuesta como si estos apoyaran sus ideas en una investigación débil”

3. Expertos falsos. “Pagarle a un experto en el campo, o en otra área, para que dé evidencia de apoyo o credibilidad”

4. Cambiar las reglas. “Desestimar la evidencia presentada en respuesta a una afirmación en específico, solicitando continuamente otra pieza de evidencia”

5. Falacias lógicas. “Usualmente una o más falsas analogías, argumento ad consequentiam, falacia del hombre de paja, o red herrings (o maniobra de distracción)”


La pandemia del COVID-19 ha generado nuevas corrientes de negacionistas, propagándose a través de las redes sociales mas conocidas y de los medios de comunicación afines o que le hacen publicidad bestial a cambio de pago de grandes cantidades de dinero. Su objetivo es estar siempre en el candelero informativo. Cualquier noticia es siempre susceptible de ser utilizada como base para el argumento conspiranoico negacionista o populista.

Debido al confinamiento estricto que muchos pueblos han pasado a causa de la pandemia, ha provocado frustración y sentimientos de inquietud por no poder salir de la casa o no poder ir a bares o a cualquier otro lugar habitual en sus vidas.

Los negacionistas afirman que la pandemia “china” en realidad no existe, que todo forma parte de una conspiración de las grandes farmacéuticas para vender masivamente mascarillas y ahora vacunas. Los negacionistas se niegan a seguir las indicaciones médicas, a no usar mascarilla en las grandes aglomeraciones y a promocionar un supuesto derecho a ir a donde quiera sin tener que dar explicaciones o presentar un certificado Covid. Quieren en esencia recuperar la vida anterior al Covid-19, porque la que llevan ahora no les gusta.

El trauma que han padecido les hace ser negacionistas y en este caso han encontrado acomodo en las herejías políticas negacionistas, quienes han hallado en estas masas descontentas y frustradas una cantera de votos inagotable. En su propaganda hablan de “falta de libertad” por lo que estos partidos políticos en tono populista se aprestan a “dar libertad” (populismo puro y duro), eliminando todas las restricciones existentes. De esta forma se aseguran votos a su causa. El negacionismo se nutre de las falsas esperanzas y de la frustración de la gente ante los cambios.

Evidentemente la perfeccionada maquinaria propagandista y de adoctrinamiento de masas ha creado una realidad alternativa a la real. En su relato, el malo de la película es como siempre el “enemigo”, en este caso la autoridad máxima responsable de las restricciones. El bueno y héroe de la película es sin duda el líder carismático y mesiánico del partido negacionista, que como justiciero salva al pueblo de sus enemigos.  

Con ello se pretende romper con lo que es un consenso médico en torno a como afrontar el covid-19 y su erradicación. Los culpables son también, en el relato negacionista, los propios expertos en la materia: la OMS, Ministerio de Sanidad, Gobierno, médicos, sanidad pública…. Ellos siguiendo su relato propagandístico son culpables por el simple hecho que están gestionado por personas cuya ideología ha sido considerada “enemiga del género humano”. Llevan un tema médico al terreno político-ideológico e institucional.

Dentro de sus muchas teorías conspiranoicas ellos son los “salvadores del pueblo”, los únicos “que se preocupan del pueblo”, los únicos “que los atienden”. Todo ello va creando un fermento psicológico que va nutriendo las conciencias y emociones humanas. La realidad inventada es siempre mejor que la realidad pura y simple.

 


Hoy el negacionismo debería ser erradicado dado que es como un cáncer que amenaza a la democracia y al bienestar social. Pero esa erradicación no debería hacerse con un contra negacionismo.

Hay que ir al origen del negacionismo, al trauma, a la frustración. Explorando caminos que la psicología y la sociología pueden aportar. Eliminando el trauma, el negacionismo dejará de tener su razón de ser. Otra cuestión son los medios de comunicación y redes sociales. Ahí entra la ética en el ejercicio de la libertad de expresión y en el cumplimiento de las leyes sobre derecho a la intimidad, al honor y a la imagen de cualquier ciudadano. Ética en las empresas que gestionan esos medios.

Aun estamos en batallas ideológicas sin sentido, discusiones absurdas sobre temas absurdos, enfrentamientos innecesarios y bulos que mas que solucionar, agravan la situación. Creo que la gente debería pensar por si misma y creer lo que desee creer, pero que no se deje influenciar por la propaganda emocional negacionista que se propaga por las redes sociales.

Problemas ha habido, hay y seguro que habrá en el futuro en la vida, pero salvo la muerte, todos los demás problemas pueden tener soluciones, la mayoría se pueden solucionar de forma racional y pacífica, mediante el entendimiento y el consenso. No es necesario acudir a la violencia, ni imponer falsas soluciones o recetas que no dieron el resultado esperado en el pasado.

La democracia se caracteriza por la ética y el realismo basado en términos científicos y en la razón. Se caracteriza por el dialogo y el consenso. Todo lo que no sea esto, en realidad no es un pensamiento democrático en sentido estricto. Será otra cosa, pero no es un pensamiento o una actitud democrática. Si deseamos democracia apostemos por la democracia.

De todos los regímenes políticos la democracia se ha mostrado como la menos mala por algunos y por otra como la mejor forma de convivir en una sociedad. Esperemos que nadie por un simple trauma o inestabilidad emocional trate de derribar lo que tanto nos ha costado conseguir.

No les deseo nada malo a los negacionistas, solo que abran los ojos a la realidad y que superen sus traumas. El cambio forma parte de la vida misma; es inherente al ser humano. Lo mejor es adaptarse a los cambios, cuesta obviamente, pero hay que intentarlo.  A los propagandistas y activistas les pido que paren ya de tanta estupidez. Hay muchas formas de ganar votos, pero la que usan, además de violenta, es efímera. Cuando sus seguidores descubran su falsa realidad, cuando vean que lo prometido no llega, que las esperanzas se han diluido, que las soluciones propuestas no han tenido éxito, nadie os seguirá.



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