La sacralización de la vida política: El fantasma de los totalitarismos



En  estos tiempos convulsos en los que los partidos políticos parecen estar en una profunda crisis existencial  y donde la sinrazón gana a la razón,  resulta curioso observar como se está produciendo un curioso fenómeno que no se si tildar de paranormal.

En el año 1993  el escritor italiano Emilio Gentile (1946)  publicó su libro "El culto del Littorio: Sacralización de la política en la Italia Fascista"  en la cual el fascismo italiano de los años 30 del siglo pasado tomó prestado de la religión romana el concepto de un imperio totalitario basado en el poder del ejército, la debilidad del Senado romano y en la figura de un líder carismático al frente del mismo al que, en algunos casos, elevaron a la categoría de un dios viviente. 

De esta manera el fascismo mas que una ideología acabó convertida en una religión cívica, en una religión sin dios, pero con todos los elementos propios de una religión organizada, con sus dogmas, sus doctrinas, sus templos, sus cultos y su operadores de propaganda que rendían culto a la divinidad y a sus líderes carismáticos. Algo similar ocurrió en otros totalitarismos europeos de los años 30 y 40: Alemania (Hitler), España (Franco),  Portugal (Salazar), Francia (Petain), la URSS (Stalin), China (Mao)....

En países donde la presencia en la vida publica de las religiones organizadas era más débil, la gente no tenía a donde acudir en busca de ayuda. Los totalitarismos crearon una religión cívica para cubrir la necesidad de apoyo, consuelo y ayuda en un tiempo de crisis generalizada en los estados desarrollados a causa del Crack de 1929.  Las estructuras estatales comenzaban a corromperse y a no dar soluciones. Los totalitarismos, como el fascismo italiano, dieron con la clave ofreciendo crear una nueva nación para un nuevo pueblo. 

El nacionalismo italiano de los años 30 se basaba en la creencia que la Nueva Italia (Como la nueva Alemania del "III Reich de los mil años") al ser diferente iba a cambiar radicalmente la vida de los italianos. Por tanto un buen patriota se debía dejar aconsejar por sus líderes carismáticos ciegamente sin oponerse a sus doctrinas, dogmas y normas. El fanatismo religioso del fascismo se basaba en un nacionalismo a ultranza. Cualquier critica, aun siendo constructiva, era sinónimo de herejía política y en consecuencia estaba justificada la represión o su exterminio (Con las consecuencias genocidas que vimos en la Alemania nazi con la Shoah). 

En esta época de crisis sistémica, no solo el Fascismo italiano o el Nazismo alemán experimentaron con este fenómeno de la sacralización de la vida política en una suerte de religión cívica; también se produjo en países de economía liberal; al igual que en países comunistas.

La crisis económica había dejado al descubierto la podredumbre de un sistema liberal decimonónico que ya hacía aguas por todas partes.  La crisis se produjo por la especulación inmobiliaria en Estados Unidos,  pero también por un mercado libre desbocado y sin control. Pese a las reformas liberales británicas de finales del siglo XIX, la democracia esperada no acababa de llegar, Los ricos eran cada vez mas ricos y los pobres ya vivían bajo el umbral de la pobreza.  Los estados se vieron incapaces de regular el mercado, enfrascado como estaban en buscar el difícil equilibrio entre las potencias europeas al tiempo que ampliaban sus imperios territoriales y económicos, repartiéndose el mundo en un casino simbólico representado en el fluctuante mercado bursátil internacional. 

El liberalismo tomó distancia con las organizaciones religiosas organizadas (Separación Iglesia-Estado), consideraban que para la buena marcha de los negocios era importante la no intervención de poderes superiores sobre los actores de la economía, la ley de la oferta y la demanda debía regular sus actividades sin interferencias del estado o de la religión. 

La moral eduardiana previa al crack del 29 aconsejaba establecer principios básicos sobre los que un empresario, sin dejar de ser una persona espiritual o religiosa en el sentido convencional, podía generar otra religión cívica más acorde con sus intereses económicos y empresariales. No eran rupturistas como los totalitarismos; pero tampoco permitían la existencia de grupos contrarios a su pensamiento. 

La religión cívica del liberalismo ha tenido varias escuelas de pensamiento, herejías e incluso sectas dependiendo del país en el que se ha implantado. Su origen habría que buscarlo en el siglo XVIII en la tradición masónica estadounidense  (Franklin, Jefferson, Washington) y en el filósofo francés Jean  - Jacques Rosseau (Contrato Social). 

Hoy este civismo religioso y esta religión política liberal sigue existiendo, Predominan los partidos políticos cuyos líderes usan dogmas y doctrinas inamovibles, con una fuerte carga de propaganda (muchos incluso han comparado alguna de estas propagandas como dignas del propio Goebbels, maestro de la propaganda nazi).  Un ejemplo de ello es el "argumentario del PP" en el caso de España. Uno se pregunta porqué un partido tiene que decirle a sus militantes lo que tienen que decir o como han de encajar una crítica. Este paternalismo es propio de regímenes autoritarios, pero ¡ojo!... de la escuela liberal, dado que usan el subterfugio de decir que existe una democracia para justificar la actividad económica a gran escala sin regulación o sin aceptar las normas establecidas. 

Otro ejemplo internacional es el sr. Trump, que ha hecho de los tópicos su religión para contentar a sus votantes, poder económico y amigos empresariales, además de contribuir con su política a sus propias empresas.  El liberalismo llevado a sus últimas consecuencias. Su ambicioso plan de reformas y de inversiones tienen como fin hacer negocios a gran escala basado en el petróleo y en la construcción, pero también en la liquidación del arsenal norteamericano. 

Todas su bravatas y sus exabruptos contra países a los cuales Estados Unidos había llegado a acuerdos para pacificar un poco el mundo;  van dirigidos ahora a provocar una guerra global, donde liquidar el arsenal y poner fin al pozo sin fondo que es el gasto de defensa federal se ha convertido en una obsesión.  Los proyectos de construcción van dirigido a facilitar contratos con empresas punteras que forman un oligopolio de facto, en el cual seguramente veremos alguna propiedad del grupo empresarial  del presidente Trump.   La valla o muro de México es para salvaguardar el mercado automovilístico, acabar con la competencia latinoamericana y en consecuencia no poner en peligro el negocio del petróleo; que lejos de reconvertirse en energías renovables, va a permanecer hasta su agotamiento.

El culto a la imagen de Trump durante la campaña, el control de los medios de comunicación y de la información, la propaganda atroz durante la campaña electoral  nos indica que este señor ha creado una nueva escuela en la religión política estadounidense: la Iglesia de Trump.  Una religión totalitaria y fanática, eso si...  ¡liberal por los cuatro costados!.

Muchos analistas consideran que Trump es el alter ego contemporáneo de Hitler. Al igual que ocurrió antes de convertirse en dictador, Hitler era visto con buenos ojos por los liberales británicos. 

Se les avisó de lo que podía ocurrir, pero no hicieron caso y ocurrió lo que ocurrió (Lo mismo ocurrió con Franco, el general golpista Cabanellas alertó del peligro de darle el poder a Franco en la zona nacional porque era un fanático) Ahora está ocurriendo lo mismo con Trump, con Le Pen en Francia, con los líderes y partidos ultraderechistas de Gran Bretaña, Holanda, Alemania, Polonia, Hungría y Austria. Todos ellos en franco ascenso ante la práctica desaparición de la socialdemocracia europea. Todos estos partidos y líderes son subproductos del Crack de 2008. El paralelismo con el Crack de 1929 es mas que evidente.

En España no hay un partido ultraderechista fuerte que pueda liderar un cambio hacia un régimen totalitario. El Liberalismo está asentado en el bipartidismo de facto existente (ahora el tandem es PP- Podemos) y en la percepción sociológica y psicológica de la existencia de una democracia fuerte en España, Pero los últimos acontecimientos nos alertan de un rebrote del franquismo de nueva generación próximo ideologicamente a las ideas de Marie Le Pen y Donald Trump.  Al mismo tiempo la división psicodramática y existencial de la izquierda refuerza las posiciones de la derecha (de nuevo en ascenso e inmune a la corrupción) y el abandono progresivo del centro político. 

En los años 30 España acabó en una guerra civil fratricida, precisamente por las mismas causas y tendencias. Esperemos que aquella mala experiencia no vuelva a suceder. El peligro de los extremos está en convertir la política en una religión y para ello no dudan en usar la fuerza bruta: para ellos su principal dogma es: El fin no justifica los medios. No dudarán en usar la fuerza si se ven avocados a ello. Este es el gran peligro. Los nuevos lideres carismáticos son fanáticos y no permiten la herejía. 

Como dice un refrán español: "¡Que Dios nos coja confesao!" porque ante esta caterva de fanáticos y extremistas no hay mas cura que el lenguaje de las pistolas llegado el caso. Como dijo Gandhi hace algún tiempo, el peligro no está en las palabras del malo; sino en el silencio de los buenos. 






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