El laberinto español
En 1943 en la histórica revista
del exilio republicano (porque en España su obra estaba prohibida por el
régimen franquista), “Ruedo Ibérico”, el hispanista, afincado posteriormente en
Alhaurín el Grande, Gerald Brenan escribió una de sus grandes obras: “The
Spanish Labyrinth: An Account of the social and Political Background of the
Spanish Civil War”.
Fue uno de los primeros ensayos
sobre lo que fue la guerra civil española y sus antecedentes, vista desde la
perspectiva de un extranjero. Antes Gerald Brenan se había empapado de la
cultura española durante sus muchos viajes a lo largo y ancho de España. Había
vivido muchos años en España.
En su obra Brenan observó cómo
los españoles vivían de manera distinta en la ciudad y en el campo, en barrios
“ricos” y en barrios “pobres”. Veía como eran dos mundos que se ignoraban
mutuamente. Brenan opinaba que el desarrollo asimétrico de la “democracia” en
España fue más obra de los gobernantes que una aspiración real de los
ciudadanos. Esto generó una “democracia tutelada” por los mismos poderes que lo
fueron en épocas predemocráticas. Para Brenan el ciudadano no fue el inspirador
de la democracia.
“Quítate tu para ponerme yo
llegó a ser el primer principio de los partidos políticos (se refiere a la
época de Alfonso XIII). Los principales intereses de España, sobre todo los
bancos (…) estaban estrechamente ligados a la política; de los políticos
dependía el que se considerasen favorablemente sus intereses, mientras que los
políticos (…) dependían de ellos en lo que concierne a puestos en consejos de
administración y altos cargos lucrativos para sus familias. Y ahora un Borbón,
un joven de aire insignificante (Alfonso XIII), venía a ocupar un trono
vacío. El ambiente político del país
jamás había estado tan decaído, y aunque se experimentaba cierto alivio general
con que, por fin, hubiese quedado zanjada la cuestión de la forma de gobierno,
la verdad es que nadie sentía ni esperanzas ni entusiasmo en cuanto al futuro”.
Resulta un texto que podría hoy
tener plena vigencia. Es cierto que lo escribe en 1943 cuando la dictadura ya
era un hecho constatado y cuando en Europa se estaba librando una batalla
global, la II Guerra Mundial, tanto en el frente como en las ideas políticas.
Lo escribe en una revista emblemática del exilio republicano español, en un
París ocupado por los Nazis.
En la clandestinidad con una
calidad intelectual de primer orden y donde se muestra escéptico, pero a la vez
neutral. Toma distancia y genera una visión constructiva en torno a lo que
Raymond Carr (uno de los mejores historiadores europeos, amigo de Brenan)
denominaba la “esencia de España”, el verdadero espíritu del ser español, la
verdadera naturaleza de la sociedad y de las mentalidades españolas.
Brenan consideraba que los viejos
pilares del imperio español se derrumbaron en el desastre del 98 y que las
nuevas generaciones trataron de levantar nuevos pilares, pero con materiales malos
reciclados. Es decir, como en el Gatopardo, aunque cambio la naturaleza del
estado, en realidad la ciudadanía era la misma, la tradición y las costumbres
ancestrales pervivieron en las mentalidades españolas; las élites
intelectuales, económicas y políticas diseñaron sobre el papel la utopía de la “regeneración
democrática” emulando a los intelectuales europeos. Su plasmación práctica en
España resultó más compleja debido a la resistencia de las elites a cambiar su
exclusivo modo de vida y a una ciudadanía conformista, aunque apasionada en la
teoría, inactiva en la práctica.
Como en siglos anteriores todo se
cocinaba en Palacio y eran los mentideros de la corte los que informaban bajo
censura a la ciudadanía, desprovista de herramientas para participar
activamente en los asuntos públicos. La nueva “democracia” quiso cambiar este
modelo haciendo pasar a las elites como servidores públicos y a la ciudadanía
convertirlos en inesperados señores del sistema.
Fue como Sancho Panza cuando le
convirtieron, mediante engaños y subterfugios, en el señor de la ínsula
Barataria. La realidad era otra, mientras su ilustre apellido se estiraba aun
mas por la ingesta voluminosa de la rica gastronomía manchega, los verdaderos
señores disfrutaban del espectáculo. El bueno, inculto y analfabeto Sancho
Panza era tan solo una marioneta imprescindible en manos de los verdaderos
poderes que actuaban en la sombra. La España real era la pantalla necesaria
para ocultar los turbios manejos de la España oficial.
G. Brenan opinaba que los
españoles estaban en un frondoso laberinto del cual no podían salir, por un
lado, porque la falta de unidad en la toma de decisiones no existía y cada cual
tenía una idea de como salir, pero ninguno quería ponerla en práctica si no
tenia apoyos. Por otro, porque nadie tenía la idea científica de cómo salir de
un laberinto, no hay plan ni estrategia general. Un permanente bucle
retroalimentado del que difícilmente se sale con buen pie.
G. Brenan, y otros muchos
escritores con ciertas luces, opinaban que todo el esfuerzo que los españoles
dedican a autodestruirse, si se emplearan en beneficio de todos “España podría
enviar rayos de luz y energía al mundo”. El talento lo tenemos (como pudimos
comprobar ayer en los premios Princesa de Gerona), solo hace falta dirigirlo
hacia el lugar adecuado. Desperdiciamos un gran talento y permitimos que se
produzca una masiva fuga de cerebros, tan necesarios en España, es terrible y
alarmante.
Quizás como dice Brenan los
ciudadanos somos gente pasiva que solo nos movilizamos cuando nos movilizan los
poderes fácticos (banca, política, sindicatos o colectivos…) y a menudo la idea
no es crear algo nuevo, sino destruir algo ya existente. M.K. Gandhi afirmaba que quien aspira a
sumarse a una revolución espera que su acción sirva para que algo cambie con
respecto a lo existente previamente. Lo que habría que preguntarse es si de
verdad está convencido que la revolución mejorará realmente (y no idealmente)
las cosas, o simplemente se ha hecho la revolución para vengarse o castigar a
alguien. La verdadera revolución es aquella que sirve para mejorar realmente
las cosas.
Karl H. Marx en un ensayo sobre
España de 1854 afirmaba: “Los Levantamientos insurreccionales son tan viejos
en España como el poderío de favoritos cortesanos contra los cuales han sido,
de costumbre, dirigidos”. Si analizamos la historia de España en cuanto a
sus aspectos socioeconómicos podemos ver cómo es cierto, siempre fueron las
élites las que controlaron a la masa popular. Primero la nobleza cortesana
(1805-1814) y después la burguesía liberal (1820-1874).
Como en la novela “El Gatopardo”
(Giuseppe Tomasi di Lampedusa, 1954): “se vogliamo che tutto rimanga como è,
bisogna che tutto cambi” (Si queremos que todo siga como está, necesitamos
que todo cambie). Esta frase célebre,
mil veces citada, refleja claramente el interés de las élites por su
supervivencia en los círculos de poder.
En España, los antiguos “señores feudales” se convirtieron en “caciques”
y después en líderes políticos, conservando en esencia el mismo poder
reverencial y ancestral que tuvieron sus dinastías familiares o políticas en el
pasado. Nueva imagen; viejas tradiciones.
Como a principios del siglo XX,
hoy, un siglo después volvemos de nuevo a hablar de “regeneración
democrática” y de nuevo los poderes facticos (los mismos que a principios
del XX) maniobran en la sombra para que el trampantojo de la ínsula Barataria
nos diga de nuevo que todo ha cambiado; aunque en realidad todo siga igual que
antes.
Vemos como en el frustrante debate
político de ayer la ceremonia de la confusión se mostró en todo su esplendor.
Lo única conclusión posible es que acordaron no estar de acuerdo y los pactos
tan esperados por los votantes, ni están, ni se les espera. Por tanto, votar el
11 de noviembre es a priori lanzarse al vacío.
Da igual quien obtenga mayor
numero de votantes o escaños; el problema es que las combinaciones posibles, en
realidad son imposibles, porque los líderes políticos, como en 1943 están
instalados en el “Quítate tú, para ponerme yo” en un bucle sin término. Resulta
al votante de hoy complicado decidir a quién vota con un mínimo de sentido
crítico y responsabilidad democrática.
Da igual porque los poderes
facticos siguen tratando de que en esencia nada cambie para ellos. Les da igual
Cataluña, les da igual Franco, le da igual la ideología, le da igual lo que
opinen los medios de comunicación, le da igual el votante y el ciudadano que no
vota, le da igual la democracia. Ya están indicando hacia donde tiene que ir la
combinatoria electoral. Hacia posiciones que solo a ellos interesa. La
combinación áulica será la que ellos determinen.
Estamos ante el espectáculo de “sálvame”
y el esclavizante “me gusta”. Masas adoctrinadas que viven en un programa de
telerrealidad, como antaño, dirigidas por poderes que maniobran en la sombra
tras lideres-títeres a su servicio. La razón y ciencia han sido condenadas a
los fuegos eternos por Hades debido a su herejía política. La crítica
constructiva ha sido amordazada y reprimida. La realidad, falseada u ocultada. La
realpolitk ha sido sustituida por la política-ficción.
Hoy el debate internacional sobre
la democracia como sistema de gobierno y sistema vital de las sociedades contemporáneas,
tiende a buscar la participación directa del ciudadano en los asuntos públicos.
Participación en la denuncia de los poderes interpuestos, Participación en la
toma de decisiones a nivel local y global (Piensa en global, actúa en local),
Participación en el diseño del modelo de país que queremos para los próximos 20
o 30 años. En definitiva, pasar de la
democracia tutelada a la verdadera democracia sin tutelas de ningún tipo.
Cuando escucho a políticos del
extranjero hablar veo como hay una palabra que siempre subyace en sus
argumentos: “Comunidad” y “servicio a la comunidad”. El país es un hogar común para sus
habitantes, es en esencia una “comunidad”. En muchos países de nuestro entorno
dedican mucho tiempo a reforzar el sentido comunitario como parte esencial de
su desarrollo como sociedad. Premian al que contribuye o aporta valor añadido a
la comunidad. En países escandinavos por ejemplo premian la humildad y castigan
la arrogancia.
En otros premian al que no genera
basura y sancionan al que genera basura.
Actitudes democráticas que se echa en falta en España. Quizás como decía
Brenan, la democracia al no surgir del pueblo llano en origen adoleció del
sentido natural “comunitario” que otras democracias europeas tuvieron desde su
mismo origen. Quizás los españoles aun sigamos discutiendo como salir de
nuestro laberinto, mientras el mundo sigue avanzando en la construcción de la
democracia. Nuestros cimientos democráticos son endebles y la construcción se
ha hecho con materiales baratos y a menudo con productos contaminados.
El rápido cambio de la dictadura
a la democracia, en apenas tres años, de prisa y corriendo, no dio tiempo a la
población española asimilar el cambio. Cuarenta años después nos damos cuenta
de que la Transición fue en realidad una operación casi de mercadotecnia en la
que los poderes del periodo tardo franquista se travistieron en los supuestos
nuevos poderes supuestamente democráticos.
Alianza Popular estaba dirigida
por un ministro de Franco; UCD por otro ministro de Franco. Ellos representaban
el “aperturismo del régimen”, eran los representantes de la banca, las
corporaciones y las grandes fortunas. Ellos pedían una “democracia tutelada”
(AP desde el franquismo sociológico; UCD desde un liberalismo posfranquista y
un socialismo predemocrático).
PSOE estaba dirigida por un líder
socialista proto democrático del exilio, representaba a la clase media
trabajadora; PCE por un histórico dirigente combatiente comunista de la vieja
escuela estalinista, representaba a la clase obrera. Ellos representaban “la nueva ola”, la nueva
élite. Ellos apostaban también por una “democracia tutelada” (PSOE desde la
hegemonía partidista y PCE desde el control férreo de la misma).
Juntos firmaron los “Pactos de la
Moncloa” (el dinero que sirvió para comprar voluntades y para mantener con vida
a la España en bancarrota) y finalmente consiguieron promulgar la Constitución
de 1978 (En sentido estricto la 8º Ley Fundamental del régimen franquista + una
nueva edición, mejorada y ampliada, de la constitución de 1931). En la que
ambos grupos firmaron la pipa de la paz en olor de multitudes. España se había acostado franquista y
levantado demócrata (parafraseando a Juan Bautista Aznar). De repente, todos
los españoles habían sido demócratas de toda la vida.
Salvo el sobresalto fuera de
guion del pseudo golpe de estado de 1981 y ruidos de sables varios, los poderes
antiguos y nuevos supieron combinarse para evitar que la población se diera cuenta
de la continuidad del gatopardismo político. “Panem et circenses” fue la
fórmula para adormilar a los mas revoltosos con revolucionarias reformas, que
por un lado reconstruyeron el maltrecho país en el que había quedado tras la
dictadura; por otro evitaba cambios bruscos de rumbo. La Ley electoral fue sin
duda el mejor armazón del nuevo régimen. El bipartidismo la fórmula de
fierabrás que curaba todos los males del país.
En 2008 la crisis brutal
internacional afectó como nunca una crisis a España. Una crisis que puso al descubierto las
cloacas del estado, la corrupción política y los manejos económicos-financieros
en la trastienda del poder. El trampantojo desapareció mostrando el Poder su
verdadero rostro.
2011 - 2015 fueron años clave
para entender la actual situación. La acampada de Sol (15 de mayo de 2011) y
otras muchas, sacó a un pueblo adormecido a la calle en rebeldía contra toda la
clase política a la que acusaron de engañar y robar de manera sistemática y con
impunidad al pueblo español. Los jóvenes se lanzaron en masa a condenar a sus
mayores por dejarles un país y un mundo hecho trizas. Levantamiento popular que
tuvo eco en muchos otros países convirtiéndose en un movimiento global. La
Unión Europea dejaba de ser la exitosa Europa social, para reconvertirse de
nuevo en la ruin Europa de los mercaderes. El austericidio neoliberal dominante
dejó en la bancarrota a millones de ciudadanos europeos, mientras que las
élites que promovían tales medidas se forraban alcanzando máximos históricos en
sus beneficios bursátiles.
El hartazgo social fue parejo a
la desafectación generalizada de los ciudadanos hacia sus teóricos
representantes políticos. Las viejas recetas ya no funcionaron. Este movimiento
expulsó a los viejos políticos de sus actividades y de sus propuestas. Pero los
nuevos políticos surgidos de este movimiento tampoco han sido capaces de
reconducir el problema esencial. La democracia no ha funcionado como se
esperaba. Se necesita cambiar de modelo
democrático bajo nuevos paradigmas.
La emergencia climática surgida a
raíz de la cumbre del clima de 2015 ha dado pistas hacia donde ha de caminar la
democracia, hacia un terreno abierto, libre, global, ecológico, de igualdad
real, positivo y constructivo, cooperativo y colaborativo. Hay un planteamiento
de democracia directa sin intermediarios, sin partidos políticos ni sindicatos
a la vieja usanza. Hoy predominan las plataformas que no son organizaciones,
sino meras agrupaciones de ciudadanos libres con temporalidad irregular según
convengan a sus participantes. Hoy
predominan iniciativas multisectoriales que se desarrollan al ritmo de sus
participantes, sin presiones de lobbies ni intereses creados por elites
oscuras.
Me planteo si votar o no y si lo
hago a quien votar. Algunos partidos de izquierdas nuevos están impulsando la
nueva democracia participativa o instrumental. Algunos partidos de la derecha
(globalmente considerada) parecen apuntarse a la nueva moda, en plan New Age,
para quedar bien con sus colegas de la izquierda; pero otros defienden con
espíritu cruzado numantino la idea de la “reserva espiritual de occidente”
bandera y cabra de la legión incluida. Entremedio
hay partidos oscilantes que funcionan a golpe de Tweet o de WhatsApp sin saber
realmente dónde poner el huevo.
Cada vez nos lo ponen más difícil
a los votantes. Las viejas recetas ya no son factibles, y las nuevas está aun
por ver si funcionan. Incertidumbre, cabreo, hartazgo y desesperación serían las
palabras adecuadas del votante medio. Ninguno
de los programas políticos es a priori atractivo, muchas viejas recetas que se
han pasado de fecha en el mejor de los casos y nuevas que aún no se pueden
implementar porque falta la infraestructura adecuada. Los discursos se muestran
vacíos de contenidos y las palabras gruesas e insultantes denotan bajeza
política, pésima educación, no saber estar y ausencia absoluta de cultura.
Pase lo que pase el 10 de
noviembre, lo que si es cierto es que España hay que ponerla a debate, porque
la clase política no puede seguir comportándose como antaño. La democracia de
1978 ha llegado al fin de su ciclo vital y es necesario refundar la democracia
española con nuevos parámetros. Esperemos que los políticos sean capaces de
estar a la altura. Esperemos que algún día los españoles seamos capaces de
salir, si es posible todos y juntos, del laberinto español.





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